CAPITULO I
Empezamos a buscar
Toda mi vida he estado buscando por un hombre que haya descubierto la Ley Universal que yace detrás del Sermón de la montaña, y que conscientemente use esa ley con el entendimiento completo de su sentido, y con obediencia total a sus principios.
Decenas de miles lo predican o escriben acerca de ello, y aun así tienen muy poco entendimiento de su sentido. Yo dudo que haya muchos hombres en el mundo entero que actualmente CONOZCAN esa enseñanza cósmica básica, lo suficiente como para vivirla con conocimiento de causa.
Si yo pudiera encontrar a un hombre de esa clase -pensé para mí mismo- él estaría tan despierto cósmicamente a la Luz de Dios que sabría la causa de todo efecto.
Un día el Doctor Alexis Carrell me mandó decir que deseaba verme. "El mundo está enfrentando una crisis muy grande", dijo. "El futuro mismo de la humanidad está en peligro. La humanidad puede ser salvada solo por un grupo de sus hombres que estén tan centrados en Dios como Su Fuente, que su sabiduría sea una parte de Toda-La-Sabiduría, y por lo tanto tan conscientes del cosmos y tan integrados al centro, que estarían capacitados para pensar claramente en varias disciplinas y no estar limitados a un campo solamente. Tal grupo de hombres, si pudiesen encontrarse el uno al otro, y compartir su sabiduría, deberían ser capaces de planear un curso que pueda salvar al mundo.
¿Podría usted ayudarme a encontrar esta clase de hombres?"
En el campo de la religión había encontrado a varios. Rufus Jones, a quien yo colocaría a la cabeza de la lista, seguido por hombres tales como Frank Laubach y E. Stantley Jones y quizá otra veintena de ellos. El hecho de que estos hombres sean tan humildes como para rehusar hacer esa clase de reclamos para sí mismos, sería prueba adicional de que merecen este honor que aquí les doy.
Sin embargo, el Dr. Carrel me apremiaba a encontrar a un hombre que fuera del campo de la religión aplicada y que hubiese logrado el éxito en varias disciplinas como los negocios, la ingeniería o las artes.
"Si eso es lo que usted desea", le respondí, "Yo nombraría ante todo al Dr. George Washignton Carver ".
Él aceptó esta sugerencia con entusiasmo. Le nombré a otros, pero él sostuvo el nombre del Dr. Carver.
"Ayúdeme a contactar a ese hombre", dijo.
"Algo dentro de mí me dice que él es auténtico".
Fue con gran alegría que pude traer al Dr. Carrel y al Dr. Carver juntos. Los días se convirtieron en semanas y las semanas en años, y el Dr. Carrell continuaba su búsqueda de hombres de conciencia cósmica. Finalmente, la Segunda Guerra Mundial empezó. El Dr. Carrell murió, y un día llegó de Francia la noticia de que el Dr. Carrell había muerto. Pero su sueño no había muerto. Yo aún estoy buscando hombres que sean tan conscientes de la fuente espiritual de toda la Creación, que su sabiduría sea una parte de Toda-La-Sabiduría.
"Encuentra a ese hombre", me repetía una Voz Interna, "Y encontrarás una inspiración para todos aquellos que deseen prepararse para vivir más creativamente en una edad como esta".
Y entonces, por la bondad de Dios, fui guiado hacia ese hombre.
Yo había fundado un Colegio, o Escuela de Entrenamiento, cuyo propósito era, primero, hacer que la gente se centrara en Dios; segundo, abrir avenidas por las cuales su sabiduría pudiera ser vista como una parte de Toda-La-Sabiduría; y tercero, encontrar las relaciones que unen todas las ciencias y las artes y filosofías de tal manera que los estudiantes pudieran pensar claramente en muchas disciplinas y no estar limitados a una solamente.
Mientras viajaba a través del país, un día una persona me dijo: "Existe un hombre que ilustra en su propia vida todo lo que usted ha estado enseñando: WALTER RUSSELL.
¿No ha oído usted hablar de él?"
No, no había oído hablar de él.
Meses después otra persona me dijo: "Todo lo que usted dice acerca de la necesidad de integrar el conocimiento en uno y conocer la Fuente de donde proviene, es bellamente ilustrado por un hombre que yo conozco: WALTER RUSSELL.
¿Lo ha conocido usted?
“He oído hablar de él", respondí, "pero no lo he conocido".
"Yo se lo traeré. Haré que él lo atienda en una charla esta noche".